Primero de septiembre de 1817 Ataque al Cerro de Cóporo, Michoacán
Durante la guerra de Independencia, en los meses de mayo y junio de 1817, Nicolás Bravo junto con el patriota don Benedicto López, sostuvieron recios y frecuentes combates con el enemigo en la región oriental de Michoacán. López derrotó varias veces al Mayor Pío María Ruiz, encargado de perseguirle, y el 13 de junio destrozó a gran parte de la unidad realista, limpiando de enemigos una considerable porción de esa zona; por lo que Nicolás Bravo pudo ocupar el cerro de Cóporo en julio del mismo año y dedicarse con ardor a reparar las antiguas fortificaciones destruidas a principios del año, desde allí enviaba diversas partidas que hostilizaban a Maravatío y otras poblaciones de la región, una de ellas fue destrozada por el Regimiento Realista al mando de don Juan Pablo Anaya.
No obstante, se veía con justo temor la permanencia de Bravo en las posiciones que tanto quehacer dieron en épocas recientes a las armas del rey y haciendo grandes esfuerzos organizó una expedición para desalojarlo. Hacia los últimos días de agosto, una gruesa sección al mando del Coronel realista don Ignacio Mora y compuesta del Batallón de Santo Domingo, regimiento Fijo de México y un Escuadrón, avanzó desde Ixtlahuaca y el 1/o. de septiembre de 1817 se acercó al Cerro de Cóporo. Ignacio Mora, nuevo en el oficio de la guerra y con pocos conocimientos y mucha temeridad hizo asaltar las fortificaciones, en gran parte ya reparadas, formando con este fin una columna de las compañías de preferencia del Fijo y del Santo Domingo a las órdenes del teniente Don Félix Merino. El ataque se efectuó el mismo 1/o. De septiembre con tan funesto resultado que fue preciso desistir del intento, habiendo perdido cinco oficiales y cien soldados.
Mora fue relevado del mando y hubo de entregarlo al Coronel Barradas, quien no fue más afortunado; por lo cual, el gobierno virreinal mandó al Batallón de Lovera al mando del Coronel Márquez Donayo, estableciendo con las ya numerosas tropas sitiadoras un estrecho cordón militar que impidió toda comunicación de los independientes con el exterior.
Los víveres empezaron a faltar y el hambre se hizo sentir con gran intensidad. Don Benedicto López intentó llevar provisiones al fuerte, pero el 29 de noviembre cayó en poder de los realistas y fue pasado por las armas.
El 1/o. de diciembre, Márquez Donayo sitió el fuerte de Cóporo, capturando a doscientos setenta y siete insurgentes además de mujeres y niños, habiendo muerto muchos otros.
Nicolás Bravo logro escapar y pudo reunir en Huetamo a los dispersos para organizar de nuevo una sección de tropas. Posteriormente Nicolás Bravo se unió a Vicente Guerrero, continuando su lucha por la independencia.

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