6 de marzo de 1836 Toma del Fuerte El Alamo
Por la distancia del centro de la República, donde residían los poderes, por la situación tan difícil en el aspecto político y económico que se vivía en la capital, los texanos habían organizado un movimiento con el principal objeto de conseguir del gobierno federal nuevos privilegios, la prórroga de la exención de impuestos por tres años más, así como la constitución del Estado de Texas, separado del de Coahuila y además de exigir la seguridad de sus títulos de propiedad, por lo que se trasladó a la Ciudad de México Stephen F. Austin con el fin de plantear sus demandas, logrando parte de lo solicitado pero no consiguieron su propósito principal, que era la creación de Texas en Estado.
En Texas, se habían restablecido las aduanas y la implantación de la disposición que prohibía la venta de tierras, estas acciones fueron tomadas como hostilidades, por lo que William B. Travis, con cien hombres, dio comienzo a la lucha al apoderarse de la guarnición de Anáhuac, en Saltillo se suscitó un levantamiento que rechazaba el centralismo, tomando esto como pretexto, La Convención de San Felipe en 1835 proclamó la independencia de Texas en tanto no estuviera en vigencia la Constitución de 1824.
Austin dirigió las operaciones militares y en poco tiempo tomó las principales guarniciones hasta que finalmente cayó Béjar y el comandante, General Martín Perfecto de Cos tuvo que capitular, el 2 de marzo de 1836 se declaró la independencia definitiva de Texas, eligiéndose Presidente y Vicepresidente del nuevo Estado. Al llegar a México las noticias sobre la insurrección, se organizó el Ejército de Operaciones sobre Texas, a cuyo frente se puso al General Santa Anna, este ejército se formó por dos Divisiones de Infantería, una Brigada de Caballería y un Batallón de Zapadores, a este efectivo había que aumentar los 500 hombres del General Cos.
Con todos los refuerzos recibidos el Ejército de Operaciones sobre Texas, contaba con poco más de 6,000 hombres con 20 piezas de artillería. El ejército fue dividido en tres secciones bajo el mando de los generales Joaquín Ramírez Sesma, José Urrea y Santa Anna. Urrea siguió la ruta de Matamoros, mientras Santa Anna se adelantaba a Ramírez Sesma por Río Grande, para llegar lo antes posible a Bejar. Al llegar a Bejar el 23 de febrero y al ser descubiertas las tropas mexicanas por Travis y Santiago Bowie, estos evacuaron la población y se refugiaron en la Misión del Alamo, convertida en fortín. Santa Anna inició el asedio al fortín y sostuvo un duelo de artillería con las 8 piezas de la Brigada de vanguardia, mientras llegaban más tropas en su apoyo que le enviaría el General Gaona.
El día 5 se acompletó el cerco y en la madrugada del 6 se dio el asalto al fortín en el cual se agrupaban los colonos, mercenarios y voluntarios reclutados en varios estados de la Unión Americana, comandados por Travis, Bowie y Crocket. En la madrugada de aquel 6 de marzo de 1836, las tropas que formaban las columnas de ataque marcharon a ocupar sus respectivas bases de partida y como a las 5 de la mañana, un toque de corneta anunció el principio del asalto, el que fue iniciado por las columnas que recibieron el fuego de los defensores.
El ataque principal fue dirigido sobre el frente norte del fortín del Alamo, a cuyo asalto se destinaron la primera y segunda columnas, a la tercera se le encomendó el ataque del frente oriental y a la cuarta el del frente sur. El avance de las tropas mexicanas fue impetuoso, pero a medida que se aproximaban al fortín, el fuego de los defensores se fue haciendo mas graneado lo que obligó a disminuir el avance. La tercera columna, ante esa circunstancia se replegó sobre la segunda, de manera que una hora después de haberse iniciado el asalto, la fortaleza era atacada solamente por sus frentes norte y sur. Después de muchos esfuerzos se logró penetrar al recinto del enemigo, la lucha continuó en el interior con todo furor hasta lograr la victoria, ocupándose la obra fortificada en forma definitiva, tres horas después de haberse iniciado el ataque.
Al día siguiente Santa Anna expidió una proclama a los habitantes, instándolos a que regresaran a sus hogares, ya que la ciudad y la fortaleza del Alamo eran guardadas por el Ejército de la República y ningún extranjero volvería a atacar esas propiedades, puesto que el supremo gobierno las había tomado bajo su protección y cuidado y aquellos que lo trataran, sufrirían las mismas consecuencias.
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